Eran dos mundos lejanos y desconocidos. Les separaba un
mar inmenso como a estos dos globos terráqueos de la fotografía. Cuando los
primeros navegantes españoles se
hicieron a la mar tras los pasos de Colón poco se imaginaban que contribuirían
a revolucionar la gastronomía de la Vieja Europa. De entre los muchos productos
que se trajeron en las bodegas de sus naves había dos que hoy nos han permitido
hacer este plato: el tomate y la vainilla.
El tomate no tuvo una aceptación inmediata. Los navegantes
españoles lo trasladaron en 1540 de México a Sevilla, por aquel entonces puerto
de entrada de todo lo que procedía de América. En las huertas y jardines
sevillanos el tomate fue considerado una planta ornamental. La gente le tenía
miedo a la tomatera y a sus frutos, pues estaba emparentada con la belladona,
una planta que puede afectar el sistema nervioso. El tomate vivió tiempos duros
al principio. Hasta el siglo XVII no se usó como alimento y no se impuso
definitivamente en los recetarios de cocina hasta el siglo XVIII.
La vainilla, que también vino de México, tuvo más suerte. La
vainilla es una planta de la familia de las orquídeas, lo cual ya de por sí es
un atractivo. Su forma de vaina pequeña hizo que los conquistadores españoles
la llamasen vainilla. Lógico. Total eran conquistadores, no gramáticos, y se
tiraron por lo facilón. Los aztecas hacía años que conocían y utilizaban la
vainilla para mezclarla con otro producto genuinamente americano: el chocolate.
Dicen las crónicas que Hernán Cortés probó el chocolate deshecho y aromatizado
con vainilla en la corte del mismísimo Moctezuma. Aquí, en la Península, pronto
se puso de moda eso de tomarse un chocolatito por la mañana o a media tarde,
pero ésta ya es otra historia.
La combinación de ambos ingredientes nos atrajo desde que la vimos en "Dulces Bocados", el blog de Carme, y la queremos compartir en el nuestro con su permiso.
| RECETA |
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INGREDIENTES (para 4 personas) |
- 3 tomates grandes.
- 200 ml. de aceite de oliva extra.
- 1 vaina de vainilla.
- 20 hojas de menta.
- Sal Maldon.
PREPARACIÓN |
- Abrir la vainilla en forma transversal y rascar con la punta
de un cuchillo toda su semilla interior.
- Poner el aceite en un bol e introducir la semilla y la vaina
de vainilla y dejar macerar media hora.
- Lavar y secar los tomates y cortar con una mandolina o con cuchillo en láminas muy finas.
- Colocar el tomate sobre una fuente alargada.
- Retirar del aceite la vaina de vainilla y echar el resto
sobre el carpaccio de tomate.
- Lavar, secar y cortar las hojas de menta en juliana y
echarlas sobre el tomate.
- Poner la sal maldon y servir.